miércoles, 21 de enero de 2009

Lectio Dysphorica in Euangelio Hebraeorum (segunda versión)





Por Kim Pérez


Pongo aquí de nuevo el artículo publicado en este blog el 17 de mayo de 2007, para que sea más fácilmente visible. También lo rehago, incluyendo ideas de José Montserrat Torrents en "La Sinagoga Cristiana" (Muchnik, Barcelona, 1989) Constituye el centro de mi entendimiento de los Nazarenos y los Ebionitas, y de Jesús Nazareno Rey de los Judíos, desde mi condición de persona disfórica. Lo actualizo, con una alusión a los Samaritanos, justo al final, el 1 de Diciembre de 2010.




ABSTRACT. This paper is about the nearly lost "Gospel of the Hebrews".This is not a Gnostic apocryph, however it is the only text used by the Notzrim and the Ebionim, the laters being perhaps the Jews who followed Jesus in Jerusalem under Jacob, the Brother of the Lord.

There are only a few fragments remained and they are of special interest, for their not trinitarian Yeshuology, and because they are more moral, radical and paradoxical than the Synoptic Gospels.

I remember the well known fact of the intrusion of Paul of Tarse among the disciples of Jesus and the foundation of a Gentile Church, whose theology became very different from the Jewish one, that of Yeshua ha Notzri and his Notzrim and Ebionim disciples.

When I wrote it for the first time, I emphasized a major change after this intrusion. For Rav Yeshua ben Yosef, "Shabbath is made for man, and not man for Sabbath", and he knew that often, the humiliated heart is purer than virtuous one. So, Yeshua loved prostitutes, lepers and the people's hated tax collectors. After Paul, a conventionally virtuous Church came to existence.

As a Dysphoric person, a Transsexual, I am sensible to this change. In general, conventional virtuous people doesn't love us. And I think, Yeshua would have done it.

Writing also in Spain, I wonder if a considerable part of Notzrim and Ebionim migrated to our Peninsula after the loss of Jerusalem, and perhaps they were then the matrix of Spanish Christendom, some of whose elements remains until today (the veneration for Saint James, Yaakov the Just, the Brother of the Lord, would be the main memory of this tradition)

My own Anusim ascendance gives me a new perspective on this story, since I consider myself as an heir of Spanish Judaism. This gives me another reason to affirm my believe that Notzrim and Ebionim, the Kahal of the Poors of Yerushalayim, were the heart of the disciples of Yeshua ha Notzri, King of the Jews.

The Spanish spirituality, represented by other B'nei Anusim as Saint Theresa, Saint John of the Cross, Saint John of God and the Alumbrados, did not have Notzrim or Ebionim but instead Jewish roots at its center.





Leo en los Evangelios la historia de Jesús Nazareno y encuentro que lo más importante de ella es que es propiamente una historia, una narración de una vida real, incluido el hecho de la Resurrección (cotejable críticamente en la Sábana Santa), que se recoge en unos relatos breves y bellos como canciones.

La historia puede y debe ser abordada críticamente, pero los hombres reales de la historia pueden despertar un amor especial, y el amor es y no es crítico, como en el caso del que se puede sentir por Cristo (Pasolini, Mel Gibson…)

Este amor humano y a la vez crítico y no crítico me parece suficiente, porque es amor. Todo amor es humano y a la vez crítico y no crítico, y no necesita filosofías ni teologías que lo justifiquen. Mi sentimiento por Jesús Nazareno Rey de los Judíos es histórico y amante, no teológico.

Pero dentro de lo histórico, encuentro que la figura de Jesús me parece singularmente bella cuando la considero con arreglo a cómo lo veían sus discípulos directos, los Judíos Nazarenos y los Ebionitas de Jerusalén (los Cristianos eran gentiles)

Quedan unas líneas del único libro que usaban, el Evangelio según los Hebreos, o Auténtico de Mateo, o Judaico. Otros recuerdos tan directos como éstos se encuentran en los Evangelios canónicos, que en conjunto han sido muy rehechos, pero que guardan esas perlas: ése es el caso de las Cuatro Bendiciones y las Cuatro Maldiciones, que aparecen en San Lucas, tan distintas de las Ocho Bienaventuranzas retocadas.

El presente escrito se basa en gran parte en los textos ordenados por Aurelio de Santos Otero así como en los puntos de vista críticos reunidos por Gonzalo Puente Ojea, lo que no significa que los comparta íntegramente. Los he revisado con la obra de José Montserrat Torrents. El Evangelio de los Hebreos se conoce casi únicamente por citas de San Jerónimo y de su maestro, Orígenes. San Jerónimo dice que estaba escrito en hebreo o en arameo (la lengua de Jesús) con caracteres hebreos. En tiempos de San Jerónimo, entre los siglos III y IV lo usaban todavía los Nazarenos de Berea (Aleppo), así como los Ebionitas. Él mismo dice que se le llamaba comúnmente "Matthaei Authenticum", el Auténtico de Mateo. En una palabra, es un Evangelio casi desaparecido, del que quedan sólo un par de hojas, que la Iglesia respeta por la tradición de veneración hacia él y no se atreve a llamar apócrifo, dejándolo así en un limbo entre éstos y los canónicos.

Basta sumergirse en los Evangelios (tal como nos han llegado) para comprender que el Rey de los Judíos prefería de corazón a los humillados y a los pecadores: a los leprosos, mendigos, enfermos, a la adúltera que iba a ser lapidada, a los cobradores de los impuestos, a los despreciados samaritanos…

Había una razón sin duda: el Rey de los Judíos veía la fuerza purificadora de la humillación y hasta del pecado, su capacidad de crear corazones tiernos y amantes, sensibles a las realidades de la existencia, frente a la dureza de corazón de quienes se sienten orgullosos y encastillados en su virtud.

Así creaba un Reino al revés, en el que los últimos fueron los primeros, pero no para recibir los viejos honores, sino en la pureza e intensidad de la nueva fraternidad humana,


1. La intrusión de Saúl de Tarso


El Rey de los Judíos aseguró que las puertas del infierno no prevalecerían contra su comunidad, pero los tropiezos empezaron muy pronto.

Saúl ben Kish de Tarso, como se sabe, no había visto nunca a Jesús Nazareno, ni lo había oído , ni había hablado con él. No podía recordarlo por tanto en su día a día vivo, libre, amable, despreocupado de lo material, sin hogar, no convencional, comprensivo y compasivo.

Él mismo reconocía que enseñaba un Evangelio diferente, en el que no hablaba de nada de lo que había dicho o hecho Jesús, por lo que vemos en sus escritos, sino sólo lo que representaba para sus especulaciones escatológicas y para su intención de convertir a los gentiles. Consiguió nada menos que atraerlos, pero al precio de olvidar el amor vivo que Jesús hizo ver a quienes le vieron.

Realizó una predicación intensísima, más que nadie, pero se proclamó nada menos que Apóstol por cuenta propia, sin mantener contacto con los Apóstoles de Jerusalén durante tres años, rompiendo la estructura cerrada dispuesta por el propio Jesús, tan limitada a doce que por eso Judas fue sustituido por Matías. Saúl quiso ser el Apóstol número trece y lo fue de hecho, fuera del círculo previsto.

Jesús se había dirigido a los judíos, y sólo excepcionalmente a una samaritana, pero Saúl se dirigió a los gentiles, a quienes permitió seguir a Jesús sin seguir la Ley Judía.

Los judíos llamados los Pobres de Jerusalén o, muy probablemente, Ebionitas, seguidores de Jesús y dirigidos por el Apóstol Jacob, el hermano del Señor, no aceptaron esta decisión y acusaron por eso a Saúl como apóstata. Saúl fingió que había habido un acuerdo y así lo hizo contar en los "Hechos de los Apóstoles"; quizá consiguió que el Apóstol Simón Kefas vacilara.

Pero, aparte de la cuestión de la identidad religiosa de los seguidores de Jesús, la moral de Saúl de Tarso es la corriente, la del sentido común, sin nada de lo paradójico y radical que hay en la de Jesús y se puede ver en ella el origen del formalismo agresivo y despiadado que culminó con los siglos en la Inquisición.

Saúl de Tarso superó muchísimo a todos los discípulos en actividad proselitista, en inteligencia y a casi todos en capacidad literaria (menos a Juan, si es el autor de la hermosísima Epístola, del Cuarto Evangelio Canónico y a quien se atribuye el Apocalipsis)

Tuvo el mérito de llevar el conocimiento de Jesús a los gentiles, con lo que lo salvó de la ruina de Jerusalén y lo extendió, de hecho, a todos los pueblos, cumpliendo las profecías de que Israel sería la Luz de las Naciones; pero puede preguntarse cómo hubiera sido la Comunidad Nazarena en caso de que Saúl de Tarso hubiera puesto su talento y su energía al servicio de los verdaderos Apóstoles.

Todas las Iglesias que sobreviven, apostólicas, ortodoxas, católica, protestantes, evangélicas, son saulinas. No sobreviven los Nazarenos ni los Ebionitas, las comunidades no saulinas, pero por eso es necesario restablecer su fe.

Mientras que, a mi entender, Jesús habla de Dios, a quien siente dentro de sí, como dirección de la mirada, la divinización de la persona de Jesús, la atención puesta en él a la manera saulina, empobrece la imagen de Dios al definir lo indefinible.

Jesús siente dentro de sí a Dios como amor por los hombres, que vuelca en milagros de compasión, pero a la vez, este amor por los hombres hasta la muerte es una forma del amor absoluto que en todo hombre expresa su necesidad del Absoluto.

No es preciso mirar a Jesús para ver a Dios, como sostiene desde entonces la Iglesia saulina, sino ver, gracias a Jesús, el amor en general y en particular la compasión hacia el hombre como camino desde Dios o como Reino del Amor de Dios.

Los Nazarenos y los Ebionitas, los judíos dirigidos por el judío Jacob, el Hermano del Señor, usando los primeros el propio sobrenombre religioso del que llamaban el Señor, el de una comunidad observante, los Notzrim, también eran llamados los Pobres de Jerusalén, porque expresaban su mutua compasión en el hecho de que eran pobres y todo lo tenían en común, unos quizás antiguos mendigos curados, otros, pobres por su voluntad, los que habían repartido lo que tenían.

Ser disfórica me hace sentir también la alegría de compartir mi vida con mis hermanas.

Era la pobreza como alegría y voluntad y Saúl (Paulo, “Poco”) no lo entendía y hacía colectas para ellos, pero no era de ellos.

Los Nazarenos y los Ebionitas no reconocían las escrituras de los cristianos gentiles, como las Epístolas paulinas o los Hechos de los Apóstoles. Tampoco se parecían mucho a los acomodados conversos griegos, llamados “pobres de espíritu”, pero no necesariamente pobres de dinero, más semejantes a los cristianos actuales.

Los Nazarenos contaban con un solo Evangelio, el de los Hebreos, y posiblemente (a mi entender) con un par de Epístolas, la de Santiago el Menor y la de los Hebreos.

Dejaron de existir (salvo unos pocos) con la destrucción de Jerusalén y la dispersión de los judíos, que les afectó a ellos puesto que huyeron de la ciudad en peligro de muerte el año 71, antes de que se escribieran los Evangelios canónicos, éstos corregidos (según afirma una escuela crítica en la que participa Gonzalo Puente Ojea) con el fin de exculpar a los cristianos gentiles de la rebelión de los judíos y librarlos de la prevención contra ellos. Los recuerdos de Jesús que contienen fueron escritos usando otras fuentes, como el “Documento Q” y retocados también desde la perspectiva de Pablo de Tarso.

Quizás sólo el Apocalipsis, libro posterior a los Nazarenos, descubre una sensibilidad más judía que gentil. No por casualidad, entonces, según explicaré al final, fue uno de los libros más leídos en España.



2. La fe de los Nazarenos y los Ebionitas


Sorprende ver que el Evangelio de los Hebreos, tan primitivo, enuncia el kerygma o predicación fundamental acerca de Jesús de una manera que es casi la misma que la Iglesia Gentil transmitió. En sus poquísimas páginas, no más de dos o tres, juntando todos los fragmentos conservados, se habla de su glorificación en el Bautismo, su condición regia, se alude a su Transfiguración en el Monte Tabor, sus milagros de compasión, la enseñanza del Padrenuestro, la Cena del Señor y la Resurrección.

La fe de los judíos nazarenos y ebionitas sería formalmente bastante reconocible para un cristiano actual, pero en la práctica hay sutilezas en la interpretación de las mismas palabras que entienden sólo algunas comunidades radicales.

Por otra parte, coherentemente con la condición judía de aquellas comunidades, que eran plenamente partes de la Sinagoga, el texto no da pie para la interpretación trinitaria.

Lo que se ha conservado del Evangelio de los Hebreos, son dichos del Señor o relatos como los que siguen, de los que aporto traducción propia del latín, lo más literal posible:

(Bautismo) "Y un hecho fue que, como ascendiese el Señor del agua, descendió toda la fuente de la Respiración Santa, y descansó sobre Él y le dijo: Hijo mío, en todos los profetas te esperaba para que vinieras y descansara en Ti. Tú eres pues mi descanso, tú eres Hijo Mío Primogénito, que reinas sempiternamente".

(Citado por San Jerónimo. Pongo en femenino la alusión a la Respiración Santa, o Espíritu Santo, porque corresponde mejor al original hebreo, que es femenino, la “Ruah”, que significa la exhalación o soplo de Dios, su sabiduría viva, hecho que tiene grandes consecuencias en el pensamiento del propio Jesús, como se verá enseguida.

Primogénito, no Unigénito; debe insistirse en esta palabra, de tantas consecuencias teológicas; el Mayor; el Rey; El Hijo del Hombre, el Nuevo Adán, el primer hombre de una nueva Humanidad liberada del pecado.

No Hijo de Dios desde antes de su nacimiento, sino desde el momento en que la Respiración Santa descendió sobre él en el bautismo. No encarnación, sino inspiración)

Pero este texto reafirma la fe de los Nazarenos y los Ebionitas en que Jesús reinaría, es decir, sería Rey. Sin embargo es difícil justificar que fuera considerado el Mesías, el Ungido, puesto que no consta que fuera ungido por nadie, hecho que tendría tal valor sacramental que no hubiera dejado de mencionarse.

(Transfiguración) "Ha poco que me tomó mi Madre, la Exhalación Santa, por uno de mis cabellos y me llevó al monte del gran Tabor"

(Citado por Orígenes y en parte por San Jerónimo. Expresa un camino que, de haber seguido, habría sido muy distinto del de la teología trinitaria y también de la mariológica, consecuencias de las especulaciones paulinas.

Dentro de la tradición judía, si Jesús se consideraba el Hijo Primogénito de Dios, lo seria también de su aspecto maternal, la Ruah, la Ciencia Viva de Dios, la Ciencia del Amor, la Respiración Santa y Dios sería así Padre y Madre del Rey Mesías.

En la literatura bíblica es frecuente feminizar a la Sabiduría de Dios. En ella es donde Jesús se ha sentido generado como por una madre.

Lo del único cabello se refiere posiblemente a la sutileza de la Unión mística y transfiguradora, imagen que se encuentra también en San Juan de la Cruz; tan delgada, tan inasible que sólo se puede comparar a ser tomado por un solo cabello.

La Transfiguración parece ser el punto central del kerygma Nazareno y Ebionita, que ve a Jesús como uno de los partícipes de la condición del Profeta por excelencia, y por tanto equiparable a Moisés y a Elías. Esta especie de trinidad humana, vista entre el resplandor de las imágenes, por su propia naturaleza es distinta de la especulada posteriormente en medios griegos como Dios Trino y Uno, como la Santísima Trinidad.

(Padrenuestro) "El pan de mañana, dánoslo hoy" (Citado por San Jerónimo, que apostilla que significa: "del futuro". En toda la oración, no se pide nada material, y por tanto sería extraño que se pidiera el pan material. Resulta propio de los pobres que se simbolice el espíritu que necesitamos por el pan. O sea, que el espíritu que nos alimente en el futuro, nos lo dé ya hoy: el pan del que nos alimentaremos en tu reino, el espíritu de amor, materializado ya en la Cena del Señor)

(Dichos) "Y nunca, dijo, estéis alegres, sino cuando viéseis a vuestro hermano en amor"

Entre los pecados mayores, el de quien “entristeciere el espíritu de su hermano" (Citado por San Jerónimo) El servicio al próximo como medida de la virtud o el pecado.

"Le dijo, explicó, otro de los ricos: Maestro, ¿qué de bueno tengo que hacer para que viva? Le dijo: Hombre, obra las Leyes y los Profetas. Le respondió: Lo he hecho. Le dijo: Ve, vende todo lo que poseas, divídelo con los pobres y ven a seguirme. Comenzó sin embargo el rico a rascarse la cabeza y no le complació. Y le dijo el Señor: ¿Cómo dices, he obrado la Ley y los Profetas?; porque está escrito en la Ley: Ama a tu vecino como a ti mismo y he aquí a muchos hermanos tuyos, hijos de Abraham, vestidos de basura y muriendo de hambre, y mi casa está llena de muchos bienes y no sale absolutamente nada de ella a ellos. Y volviéndose, dijo a Simón, discípulo suyo, sentado junto a él: Simón, hijo de Juan, más fácil es que un camello entre por el ojo de la aguja que un rico en el reino de los cielos"

(Aquí me viene muy bien mi propia condición de transexual, o disfórica de género, al borde de la marginación. Los marginales entendemos muy bien lo de “Ve, vende todo lo que poseas, divídelo con los pobres y ven a seguirme”. Los adaptados a la lucha diaria por la vida, o incuso los padres de familia, responsables y lógicos, no. Pero esta marginalidad, a la que sólo se atreven los machacados, los gitanos, los artistas, los hippies y los muchachos, hace ver por un momento el telón de fondo de libertad para lo fundamental que necesitamos para que el trabajo y la racionalidad no nos ahoguen.

La lectura disfórica se puede fijar también en “los hermanos tuyos, vestidos de basura y muriendo de hambre”. ¿No describe, entre tantas otras, la figura de tantas travestis en la prostitución callejera, devoradas por el desprecio y las drogas, de mi amiga Sonia, en la calle desde los quince años, de Brenda, desde los dieciséis, de las latinas muertas por crímenes de odio, de las muertas por el sida, no hay nadie que sienta compasión y respeto por ellas? Estas palabras sí son propias del Rey Mesías: la dureza de la descripción de la indiferencia de los ricos frente a la basura y el hambre.

Joachim Jeremias, erudito autor de “Palabras desconocidas de Jesús”, coincide en creer en la antigüedad de esta versión por algunos rasgos históricos menores, pero no deja de observar su carácter durísimo, que es lo que desaparece en la versión canónica.

Es notable y coherente con los presupuestos de endulzamiento político de los Evangelios canónicos (Puente Ojea) que en el actual texto "según San Mateo", se omita la mención a la basura y al hambre; lo mismo en el de San Marcos y en el de San Lucas; es cierto que, en los actuales, se mantiene el imperativo "vende cuanto tienes y dáselo a los pobres", pero se pierde la realista alusión a las causas de este imperativo y también a que la casa está llena y de ella no sale nada)

"Si pecare, dijo, tu hermano de palabra y te diere satisfacción, siete veces en un día recíbelo. Le dijo Simón, discípulo de él: ¿Siete veces en un día? Respondió el Señor y le dijo: También te digo que hasta setenta veces siete. Puesto que en los mismos profetas, después de ungidos por la Exhalación Santa, se han encontrado palabras de pecado”.

"Si estáis en el seno mío y no realizáis lo que pretende mi Padre, que está en los cielos, de mi seno os arrojaré" (O sea, como una versión del antiguo “Misericordia quiero y no sacrificios”: no se trata de comulgar como cumplimiento, sino de saber lo que esa palabra significa: compartir el pan y el vino)

(Milagros) "Era albañil, ganándome la vida con las manos; te ruego, Jesús, que me devuelvas la salud para no mendigar torpemente la comida" (Citado por San Jerónimo. Ayudó a un albañil parado por su enfermedad)

(Resurrección) "Sin embargo, el Señor, como diese la sábana al siervo del sacerdote, fue hacia Santiago y se le apareció ...Traed, dijo el Señor, la mesa y el pan. Tomó el pan y lo bendijo y lo partió y lo dio a Jacob el Justo y le dijo: Hermano mío, come tu pan, porque resucitó el hijo del hombre de los durmientes"

(Citado por San Jerónimo. A) Se ha dicho que los Nazarenos y Ebionitas no hablaban de la Resurrección en su kerygma, pero este texto del "Evangelio de los Hebreos" alude a ella. Naturalidad de su saludo a Santiago, como hermano suyo.
B)Primacía a Santiago el Justo, el Menor, en las apariciones, y probable reconocimiento de su primacía en la comunidad, por encima de Pedro. En el actual "según San Mateo" ni palabra sobre la aparición a Santiago, ni en San Marcos, ni en San Lucas. Desaparece. ¿Por qué? Probablemente, por la aparente minusvaloración gentil del Hermano del Señor, Jacob, cabeza de los Nazarenos, de la Comunidad de Jerusalén. Sin embargo, en justicia hay que decir que Paulo es el único que habla de esta aparición.
C) Se comprueba también la práctica en el Kahal de los Pobres de Jerusalén de la Cena del Señor. En ella, lo esencial es tomar el pan y partirlo y darlo o compartirlo y llamarlo “tuyo”, de quien lo recibe, y no del que lo da. Y ese pan es entonces el Cuerpo del Mesías, su corporalidad, sin más milagro que el del amor)


(Alusiones) San Jerónimo, glosando la parábola de los talentos, dice: "Porque el Evangelio en caracteres hebraicos... discernía tres siervos: el que se había comido las posesiones del señor entre prostitutas y flautistas, el que las había multiplicado con su esfuerzo y el que había escondido el talento. Y dijo que uno fuera acogido, otro únicamente reprendido y el otro encarcelado"

(Texto que revela la moral de Jesús: el juerguista (y de nuevo se alude a las prostitutas) es perdonado, no se sabe bien por qué, pero Dios quiere perdonarlo, quizá porque ve su humilde corazón de cigarra; quien cumple mejor con su deber, y puede enorgullecerse por eso, es reprendido; y quien desaprovecha lo que ha recibido, qué menos, castigado.

En una palabra, el que es más trabajador, esforzado, virtuoso, es reprendido, expresión que merece ser subrayada, quizás porque es de los que confían en sus fuerzas.

En cambio, en el actual "según San Mateo", que procede en este punto del antiguo “Documento Q”, no del “Authenticum”, el primero, que es así, recibe cinco y con su trabajo gana otros cinco; el segundo dos, y gana otros dos, y son premiados; y el tercero lo esconde y es sancionado. Esta versión no significa ninguna novedad o revelación; es de sentido común, es naturalista, es farisea. Pero en ella se escamotea lo original de la primera: el pecado de quien se lo gasta todo en juergas y sin embargo es perdonado, contrapuesto al afán de quien trabaja, que es reprendido.

El “Documento Q” no se vincula a los cristianos gentiles ni tampoco a los nazarenos de Jerusalén. Se piensa en un origen galileo y en predicadores ambulantes, es decir en una tercera comunidad jesuista, ni griega ni jerosolimitana, sino galilea. Por tanto es difícil pensar en este caso en una acomodación o en una maniobra de desactivación política propias de los gentiles, porque además, el texto de los Hebreos tiene un valor espiritual, no político. ¿Pero por qué el “Documento Q” debilita hasta tal punto lo que sí recoge el Evangelio de los Hebreos?

Puede pensarse en simples diferencias de memorización. Pero en todo caso, entre las dos versiones, se puede reconocer que la de los Hebreos es más fiel que la del Documento Q. Veamos las razones:

Desde el punto de vista de la forma, debe recordarse la tendencia de la literatura oral a señalar tres variantes: tres hijas, tres aventuras, etc, lo que se memoriza muy bien; en la versión hebraica aparecen estas tres variantes, pero en la versión Q hay sólo dos clases de actitudes, aunque haya tres sirvientes; luego en la segunda, algo ha sido olvidado.

Y sabemos precisamente qué, no es una mera especulación, puesto que en el evangelio hebraico, el de los nazarenos y los ebionitas, se explicita: pero era demasiado audaz, es demasiado contrario a la moral bienpensante. La diferencia entre los dos primeros, demasiado iguales, se limita a un cuestión de grado en lo que el señor les confía; y ambos son premiados, por igual, mientras que en la versión hebraica, mucho más estructurada, aparecen tres clases de actitudes y tres clases de recompensas.

La moral que se deduce de la segunda versión es la del hombre virtuoso, esforzado, que cumple con su deber y por eso es premiado. La de quien está contento de sí mismo. Eso es fariseísmo o racionalismo puro.

La moral que se deduce de la primera es la del pecador que es perdonado y la del virtuoso que es amonestado. Eso es coherente con otras parábolas que conocemos de Jesús: como la del hijo pródigo, que por el pecado y el arrepentimiento es recibido y agasajado más que su hermano, el cumplidor de siempre.

La noción de Jesús sobre el pecado es llamativamente existencial. Es malo, el hombre ha de ser liberado de él, pero es bueno haberlo probado para arrepentirse, volverse humilde y querer librarse; el pecado se convierte en una vía de purificación. Es una visión profunda que corresponde a la frívola, pero verdadera, de Oscar Wilde, cuando decía que “la mejor manera de evitar una tentación es caer en ella”.

En el caso de la prostitución, sabe que las prostitutas han llegado a través de su pecado a la vergüenza y la humildad. Los canónicos están en este caso conformes con ese criterio y llenos de alusiones inequívocas o probables a prostitutas a las que ama: la mujer que unge sus pies y los seca con sus cabellos, la que ha amado mucho, las que precederán a lo virtuosos…

Haré una digresión necesaria para señalar que Joachim Jeremias cree auténtico, jerosolimitano, un “logion” o supuesto dicho no canónico de Jesús, el de uno de los papiros de Oxirrinco, en el que hablaba también de “prostitutas y flautistas”, repitiendo la expresión de la parábola de los talentos como si fuera una frase hecha, pero para decir, el único con esta aspereza, que “están llenas de escorpiones y putrefacción”.

Cabe pensar que habla del estado de pecado, no de la pecadora purificada. El relato, según lo analiza minuciosamente Joachim Jeremias, tiene muchos rasgos de historicidad en el relato del suceso, lo que incita a creer que el logion que contiene, tan duro para las prostitutas, sea auténtico. Pero es que el pecado es objetivamente un escorpión y una podredumbre de la que la pecadora quiere huir y liberarse.

Esta interpretación me parece coherente con la actitud de Jesús, que reclama en este fragmento la purificación del alma, más allá de la ritual propugnada por los sacerdotes del Templo: el lavado corporal antes de entrar a él. No veo la contaminación gnóstica que supone Aurelio de Santos, puesto que no se refiere a la dualidad cuerpo-alma de los gnósticos, sino, más simplemente, a los rituales hebreos, tan formales como faltos de espíritu.

No debe de ser parte del Evangelio de los Hebreos, sin embargo, porque en éste se llama continuamente a Jesús Señor, es decir, Rey, Rey Mesías, Rey de los Judíos; el logion lo llama Salvador, lo que presupone otra interpretación de su persona.

(Resurrección): “Yo, en verdad, y después de la resurrección, en carne lo vi y creo, porque es; y cuando vino a Pedro y a los que estaban con Pedro, dijo: He aquí, palpadme y ved, porque no soy un demonio incorpóreo. Y al instante lo tocaron y creyeron”.

Lo primero que me llama la atención de este fragmento es el uso de la primera persona en quien lo cuenta: “lo vi y creo”. ¿Quién es quien escribe el Evangelio de los Hebreos en primera persona? ¿Mateo, porque en otros lugares San Jerónimo lo llama “Evangelio Hebraico según Mateo”? ¿Por tanto un testigo presencial de la resurrección? “Yo”, era por tanto Leví el rico judío publicano, cobrador del peaje del Lago de Genesaret, pero por eso despreciado por los suyos, excomulgado de la comunidad, quien cuando Jesús le dijo “Sígueme”, sencillamente “se levantó y lo siguió”, dejándolo todo, y después se cambió su nombre por el de Mattai, en arameo, abreviación de Mattanyah, en hebreo, “regalo de Yahveh”. ¿No resuena todo esto en el corazón disfórico?

Otros fragmentos pueden adscribirse sin dificultad a este "Authenticum Matthaei". Es coherente con él la siguiente redacción del Codex Sinaiticus de la Antigua Versión Siríaca: "José, con quien estaba casada María la Virgen, engendró a Jesús, llamado Cristo" (Mt 1, 16) (José Montserrat Torrents, "La Sinagoga cristiana", Muchnik Editores, Barcelona, 1989, p. 168)

O la afirmación de Epifanio, en Panarion H.30, 3, de que los Ebionitas citaban a Jesús diciendo: "He venido a abolir los sacrificios" (J. Montserrat Torrents, ibidem, p. 169)

Los otros escritos que pueden proceder de los Notzrim o los Ebionim son la Epístola de Santiago y el Apocalipsis.

La Epístola de Santiago el Justo es muy judía y dura, muy denunciadora de injusticias, muy preocupada por los pobres, nada por una cuestión luego tan obsesiva como la pureza de la continencia. José Montserrat Torrents la entiende como un documento de la sinagoga seguidora de Jesús (ibídem, pp. 177-178) Se dirige a "las doce tribus dispersas entre las naciones", lo cual no puede ser literal, porque en aquellos tiempos sólo sobrevivían la tribu de Judá y la de Benjamín. Creo que se refiere a los judíos nazarenos, probablemente conscientes de que cada uno de los Doce Apóstoles puede representar a una tribu (por eso tenían que seguir siendo los Doce, y después de la traición y muerte de Judas, tuvo que ser sustituído por Matías) Habla de cuestiones relacionadas con el bien que se hace, con la justicia o la injusticia, no menciona en ningún momento la sexualidad tan obsesiva para los acomodados y enviciados gentiles.

"Que el hermano pobre esté contento por ser elevado y el rico, por ser rebajado".

“Hermanos, ¿no escogió Dios a los pobres de este mundo para hacerlos ricos de fe y darles el reino que ha prometido a quienes le aman? Y vosotros despreciáis a los pobres. ¿No os aplastan los ricos y os ponen pleitos y desprecian el nombre que os ha sido puesto?

"Si un hermano o una hermana están sin ropa y sin el pan de cada día y uno de vosotros les dice: "Buenos días, abrigaros y comed" y no les da lo que les hace falta, ¿de qué les sirve?"

"¡Cómo grita el jornal que habéis dejado de pagar a los segadores! Las protestas de los segadores han llegado hasta los oídos del Señor de los Ejércitos!"


Menciona José Montserrat Torrens la corta "Epístola de Judas" entre los textos de los judíos seguidores de Jesús, convencidos de su Mesianidad y participantes de la comida en común.

También José Montserrat Torrents desglosa en el Apocalipsis dos partes, las Visiones y las Siete Cartas, y ve especialmente claras en la primera las trazas del judaísmo nazareno, seguidor de la Torá y de Jesús.

Señala la Teología de este libro, que había evolucionado del realismo del kerygma a un simbolismo visionario en el que se le ve como el Mesías y León de Judá, Cordero degollado, que cabalgando en un caballo blanco destruirá a Babilonia para sumar a todas las Naciones a Israel en el triunfo del Fin de los Tiempos.

Todo ello en una obra que no es única, sino que se inserta en la cultura apocalíptica del judaísmo humillado por el dominio extranjero y expectante de la Justicia Final.

El "Evangelio de Tomás", muestra en su colección de 114 "logia" de Jesús uno, el Logion 12, que sin duda viene de los Pobres de Jerusalén y que muestra la altísima consideración en que tenían a Yaakov el Hermano del Señor: "De dondequiera vengáis, iréis a Jacob el Justo, para quien existen el cielo y la tierra" Inesperada y sublime dignidad de alguien después casi olvidado, menos en Hispania. (J. Montserrat Torrents, ibidem, p. 228)


Todos los anteriores textos proceden de los Nazarenos y los Ebionitas, que quizá son los Pobres de Jerusalén que siguieron a Yaakov, el Hermano del Señor. Pero José Montserrat Torrents señala otro momento en el que hubo judíos cristianos (ya no Nazarenos) junto a los gentiles cristianos seguidores de Paulo. A ellos les adscribe la Epístola a los Hebreos, atribuida a Pablo de Tarso pero hoy considerada anónima.

Es un escrito también muy judío. Por tanto, no es trinitario, como no lo eran los primeros cristianos gentiles. Lo esencial de él es considerar a Jesús, no como Dios, lo que para un judío sería una blasfemia, sino como Sumo Sacerdote, o intermediario entre Dios y los hombres.

Es la que lo llama Sumo Sacerdote según el orden de Melkisedek y precisa que este nombre significa Rey de la Justicia, y que como era Rey de Salem, o Jerusalén, que significa Paz, también Rey de la Paz.

Jesús, Sumo Sacerdote, Rey de la Justicia y de la Paz, intermediario entre los hombres sus hermanos y Dios nuestro padre, en una Nueva Alianza, superadora del sacerdocio levítico ("He venido a suprimir los sacrificios"), que consistirá en que "Al dar mis Leyes, las escribiré en su razón y en sus corazones, yo seré su Dios y ellos [judíos y gentiles] serán mi pueblo", de manera completamente evidente, pues "un hombre no tendrá que instruir a su compatriota ni el otro a su hermano, diciendo "Acata al Señor", porque todos me conocerán, grandes y pequeños, cuando perdone sus crímenes y ya no me acuerde de sus pecados" (José Montserrat Torrents, ibidem, p. 234)

Este judaísmo de transición se mantenía también de la II Epístola de Pedro y la extracanónica I Epístola de Clemente. La primera de las citadas menciona también la Transfiguración, mucho más importante para los judíos de Jesús que para los cristianos gentiles, porque establecía su estatuto como Profeta entre Elías y Moisés.

La segunda habla de "nuestro padre Jacob" y "nuestro padre Abraham" y acepta la doctrina de Paulo.


Por último, podemos también encontrar en los Evangelios canónicos (gentiles o paulinos) otras supervivencias posibles del Evangelio de los Hebreos o de la fe de los Nazarenos.

Por ejemplo, las Cuatro Bendiciones que hay en San Lucas, proceden también del documento Q, lo que hace que las Cuatro Maldiciones que las siguen procedan o bien del redactor, por un prurito de simetría, o bien de otra fuente que las incluyera, que podría ser, hipotetizo, el Evangelio de los Hebreos.

En todo caso, unas y otras parecen más auténticas que las Ocho Bendiciones de San Mateo, por las siguientes razones:

Primero. Veamos a quien se bendice en San Lucas: A los pobres; a los hambrientos; a los que lloran; y a los odiados por su causa.

Y a quiénes se maldice o por quienes se lamenta: A los ricos; a los que están hartos; a los que ríen; y a los que son elogiados por la gente.

En los dos casos, conceptos simples que todo el mundo conoce y todos comprendemos.

Veamos ahora lo que se dice en San Mateo:

Se bendice: A los pobres de espíritu, (no a los pobres, sin más; ¿pero qué es exactamente un pobre de espíritu? ¿no lo puede ser un rico que se declara desapegado?); a los mansos o afables; a los que lloran; a los hambrientos y sedientos de justicia, ( pero tampoco a los que tienen hambre y ya está; ¿y quiénes son los hambrientos y sedientos de justicia o virtud, no son más bien los virtuosos?); a los compasivos; a los limpios de corazón; a los pacificadores; a los perseguidos por ser justos; a los ofendidos por su causa.

¿A quién se maldice? A nadie. Todo resulta complicado, difícil de definir, blando e inofensivo.

Mientras que las Cuatro Bendiciones y las Cuatro Maldiciones son un canto de guerra, las Ocho Bienaventuranzas son una salmodia bondadosa, mansa, apacible, aburrida. El orden romano y farisaico tenía mucho que temer de las primeras; nada de las segundas.

¿Por qué, entre las dos versiones, también soy de los que creen que la verdadera es la de San Lucas?

Primero, porque es la más dura y clara, y por tanto disonante con el modelo de Jesús conciliador que proclamó la Iglesia gentil.

La versión extensa, pero recortada de toda dureza, es muy deliberadamente política al diluir la problemática de las clases, borrando una mención tan explícita contra los ricos, los hartos y los que ríen como la que estructura las Cuatro Maldiciones y sustituyendo a los pobres por los pobres de espíritu y a los hambrientos por quienes tienen hambre y sed de justicia.

Así se atenúa el enfrentamiento del Reino del Mesías con los reinos de este mundo, en especial con el de Roma, tan incómodo para los cristianos paulinos o gentiles después de la insurrección judía, como lo recoge Puente Ojea, lo que resulta una hábil prestidigitación, que la diferencia de la versión breve y de la Epístola de Santiago, tan diferenciadora de las clases.

Segundo, porque las innovaciones son claramente interpolaciones o añadidos, que parten de unas palabras simples iniciales intercalando otras que las deforman, como se hace al añadir ala palabra “pobres” el suplemento “de espíritu”, a “hambrientos”, el de “y sedientos de justicia” y todos lo demás añadidos, cuyo efecto general es difuminar la dura sencillez de la pobreza, el hambre y el llanto,

Y tercero, porque la primera versión es más acorde con las reglas de la transmisión oral: simetría que forma un ritmo de cuatro y cuatro y sencillez del texto, tanto en las palabras como en los conceptos. La segunda en cambio es una salmodia de ocho elementos, sin paralelismo alguno, y de conceptos retorcidos,


En conclusión, aunque sin base documental, puede aventurarse que la versión del Sermón de la Montaña de San Lucas es más coherente con la actitud de los “Pobres de Jerusalén”, los Nazarenos, que no se llamaban precisamente “los pobres de espíritu de Jerusalén”.



Apéndice 1. Los Nazarenos, matriz de la Iglesia española


Los Nazarenos dejaron de existir como comunidad en Jerusalén el año 71, cuando los romanos arrasaron la ciudad y dispersaron a los judíos. Algunos se refugiaron en Pella, al otro lado del Jordán y otros en Aleppo, en Siria.

Creo que muchos de ellos pudieron también refugiarse en España, sobre todo en la Cartaginense y la Bética, en las ya numerosas juderías que existían aquí.

Tengo cinco indicios: el primero, la tradición unitarista y no trinitaria de la Iglesia hispana durante la Alta Edad Media, expresada en distintas herejías, que se puede atribuir a supervivencias del arrianismo o, alternativamente, del nazarenismo.

El segundo, las actas del Concilio de Ilíberis (hacia 303) que prohiben que los cristianos y los judíos coman juntos; regla sorprendente, que puede explicar esta prohibida familiaridad pensando que todavía los cristianos y los judíos nazarenos exiliados compartieran la Cena del Señor, más semejante a una cena cualquiera, pero llena de significado religioso.

Comer juntos cristianos y judíos, para que lo prohiba un Concilio, sugiere que fuera una comida especial, la Cena del Señor (el Rey, para los segundos) Podía ser que no hubiera una diferencia muy neta entre los judíos nazarenos y los otros judíos.

O bien los cristianos paulinos querían que los nazarenos acabaran por diferenciarse del resto de los judíos o en todo caso, diferenciarse ellos mismos de los nazarenos, llamándolos judíos a secas.

El tercer indicio de un posible origen nazareno de la cristiandad hispana está en que la liturgia peninsular, el rito luego llamado visigótico o mozárabe, procede de la antioquena o siríaca, la más judía de las cristianas, hacia el siglo IV; en el siglo en que todavía aquel Concilio tuvo que prohibir a los cristianos que fraternizaran y comieran con los judíos ¿nazarenos, según mi suposición?; todavía entonces, al otro lado del Mediterráneo, sobrevivía la comunidad nazarena de Berea (Aleppo) a la que me refería al principio.

En resumen, nuestra liturgia más antigua no vino de la romana, que era propiamente paulina, sino de la nazarena.

Otras iglesias vivas, del grupo de las apostólicas, mantienen reminiscencias de la liturgia nazarena. En particular, la Iglesia llamada actualmente "asiria" (que se reconoce que debería ser "siria"), la cual procede de Edesa, perteneciente a Antioquía, por tanto quizás la verdadera iglesia madre de la peninsular, tiene una liturgia muy hebraica, expresada en arameo, la lengua de Jesús, llama a los sacerdotes kahna, como los judíos, no distingue casi entre Antiguo y Nuevo Testamento y sus iglesias están basadas en el modelo de las sinagogas; recojo la descripción del P. Juan Nadal Cañellas, S.I. en "Las Iglesias Apostólicas de Oriente". O sea, que casi es una secta judía.

El cuarto indicio está en la veneración mozárabe del Apocalipsis, texto también muy judío, documentada sólo, es verdad, siglos más tarde.

El quinto, la veneración a Santiago el hermano del Señor, ¿o Santiago el Menor, apóstol, considerado por algunos autores como distinto?, que precedió sin duda al hallazgo tardío de su sepulcro, en 814, casi un siglo después de Covadonga.

Un autor musulmán anónimo, al contar las correrías o algazúas de Almanzor (hacia el año 1000), dice:

"La cuadragesimoctava, la de Santiago, la ciudad de Jacob, el hijo de José el Carpintero (la grafía árabe dice Comerciante, pero también puede leerse el Carpintero), de quien los cristianos dicen que era el esposo de María; en esa ciudad está su tumba. Arrasó la ciudad y destruyó el monasterio, pero no tocó el sepulcro".

El autor, musulmán, transmite que en la tumba veneraban a Santiago, hijo de José y por tanto hermano legal de Jesús.

Pero el culto compartido por gallegos y mozárabes a Santiago el hermano del Señor, ¿o el Menor?, debía de ser una cosa y el reconocimiento de que era él el enterrado en Compostela, otra. Parece que los gallegos insistían en que el sepulcro era el del Hermano del Señor o el Menor, pero los mozárabes del Sur, aun venerando al hermano del Mesías, se negaban a admitir que aquél fuera su sepulcro:

Porque unos años antes de la noticia sobre Almanzor, en el "Calendario de Córdoba", obra del Obispo Recemundo, también llamado Rabí Ben Zayd, de 961, se dice:

"Día 28 (de Diciembre) Los cristianos guardan la fiesta del apóstol San Jacob, llamado el Hermano del Mesías, cuya tumba está en Jerusalén"

(Nota: la versión de la que dispongo dice San Joaquín, lo que es claramente un error de transcripción; no hubo ningún apóstol Joaquín y se llamaba hermano del Mesías o del Señor a San Jacob o Santiago el Menor, cabeza de la Comunidad de los Pobres de Jerusalén)

Por tanto, en el siglo X, los cristianos mozárabes a quien veneraban era a Santiago el Hermano del Señor o el Justo; y consideraban que su sepulcro estaba -todavía- en Jerusalén, sin querer darse por enterados del hallazgo de Compostela, siglo y medio antes. No hay huella en el Calendario de culto a Santiago el Mayor, el Hijo de Zebedeo.

Mientras tanto, en el Norte, había florecido una leyenda distinta: Santiago el Mayor, el Hijo de Zebedeo, habría entrado en España por ¡Asturias! ¡por el Cantábrico! y llegado a Zaragoza, donde se le apareció María, la madre de Jesús, cuando todavía vivía. El asturiano Beato de Liébana le dedicó entre 783 y 788 el himno “O Dei Verbum”, llamándole "cabeza refulgente de España", antes por tanto del descubrimiento de Compostela..

Toda esta confusión quizá tuviera como resultado la atribución a Santiago el Mayor, el de Zebedeo, de la tumba de Compostela, con lo que se obviaba la discusión entre norteños y mozárabes acerca de dónde pudiera estar enterrado Santiago el Hermano del Señor o el Menor.

Más de mil años después, el proceso de Conversión o Expulsión produjo otro tiempo de convergencia paradójica entre Judíos y Cristianos. Muchos fueron los obligados, de una manera u otra, a convertirse o aparentar que se convertían. Fue un pecado cristiano, pero esa masa de Anusim, los Obligados, según se les llama desde el lado judío, transformaron radicalmente la espiritualidad cristiana, bien en la línea de la interiorización, bien en la del humanismo.

Cuando se piensa que muchos de los más brillantes faros de nuestra espiritualidad fueron objetivamente B'nei Anusim, Hijos de los Obligados, la perspectiva de nuestra historia religiosa cambia por completo. Sabemos que B'nei Anusim fueron Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, San Juan de Ávila, San Juan de Dios, fray Luis de León, y muchos de los Alumbrados, Santos heterodoxos como Isabel de la Cruz o María de Cazalla, en Guadalajara, Toledo o Baeza.

El chorro de espiritualidad de nuestro Renacimiento, unido al humanismo de un Vives o un Valdés, se debe en gran parte a la formación y tradiciones familiares de los B'nei Anusim, educados por Maimónides y por la Kabbalah. Antes de ellos, no existían esas actitudes entre los cristianos peninsulares. Después de ellos, definieron el cristianismo español, pese a que la Inquisición reprimió a los heterodoxos y estorbó a los ortodoxos, hasta el punto de que el brillantísimo resplandor del siglo XVI, casi se extinguió en el XVII y siguientes.

Pero incluso otras formas culturales reflejan más o menos la transformación cultural que alumbraron los B'nei Anusim, en formas de las que hace poco parecería disparatado hablar de esta manera. Pero si El Escorial está construido sobre la planta ideal del Templo Palacio de Salomón, si los Reyes que presiden la entrada de la basílica no son los de España, sino los de Israel, si Benito (¿Baruch?) Arias Montano y Juan de Herrera, se demuestra que eran B'nei Anusim, entonces la obra de Felipe II se alinea con la Kabbalah cristiana que probablemente no le era ajena, dado su interés por el neoplatonismo y la alquimia (Debo estas trastornadoras concepciones sobre el Escorial a Javier Morales Vallejo, en "El símbolo hecho piedra")



Apéndice 2 - Lo sobrenatural




Hasta aquí he hecho una recensión crítica de materiales y un estudio de su significado como cualquier otra historia.

Pero la historia de Jesús Nazareno Rey de los Judíos tiene otros posibles significados que no es posible contrastar más que con su propia lógica.

El pueblo de Israel guarda tres convicciones: que hay un Dios, que es el único; que ha hecho una Alianza con él, de manera que le protegerá siempre; y que vendrá un Rey Mesías que gobernará desde Israel al mundo entero.

Sin embargo, es difícil reconocer como Rey Mesías o Ungido a Jesús que no fue ungido. ¿Esperaba él serlo y procuraba cumplir los signos? Entró en Jerusalén, sobre una burra, como debía ser.

Los Evangelios insisten con rara coherencia en que fue coronado y entronizado al gusto de Dios, pero por los romanos (que detentaban la soberanía, pero no por los judíos), entre burlas y golpe, coronado y entronizado, lo que tendría un valor jurídico objrtivo, independiente de la intención con que se hacía: le pusieron una corona de espinas, pero corona, una vieja capa de púrpura, pero púrpura, y una caña como cetro, pero cetro.

Quienes lo coronaron doblaron las rodillas como burla y lo aclamaron al grito sarcástico de "¡Viva el Rey de los Judíos!" , pero se arrodillaron, lo aclamaron y pronunciaron esas palabras.

Por tanto fue entronizado y coronado justo por quienes se burlaban de él, que cumplieron realmente los ritos de la entronización y la coronación, aunque creyeran que lo hacían mofándose.

Y por tanto, murió oficialmente como Rey de los Judíos, reconocido así por la autoridad romana, por el acto jurídico supremo, el título clavado sobre la cruz, por orden del Prefecto, que pudieron leer todos. No en vano todos los Evangelios coinciden en que murió bajo ese título. "Quita eso", le dijeron a Pilatos. "Pon que decía que era el Rey de los Judíos".

"Lo escrito, escrito está", dijo Pilatos.

Parece que en esta historia Dios se divierte y juega duramente con los actos e intenciones de los hombres.

Queda la pregunta: ¿qué clase de Rey fue Jesús? Tuvo que ser ungido, como hipotetiza Graves, en "King Jesus"; o era pretendiente, que tenia algunos derechos, entendidos como preparación para una Unción. Sin embargo, recibió la soberanía de quien la tenía, los Romanos, coronado por los soldados y ratificado por el Procurador, en el "titulus", con el que lo mostró al pueblo, en la cruz.

Jesús Nazareno había elegido a doce Apóstoles, seguramente como renovación de los padres de las doce tribus de Israel. Doce Apóstoles judíos, que convencieron a muchos judíos de la venida del Rey. Y los primeros seguidores de Jesús Nazareno Rey de los Judíos fueron naturalmente judíos, seguían yendo a rezar al Templo y estuvieron dirigidos por un ferviente judío, Jacob el Justo, el Hermano del Señor.

Luego llegó Paulo y convenció a todos de que no era necesario seguir los ritos judíos, salvo a Santiago el Hermano del Señor y a los Nazarenos, que lo censuraban por su apostasía.

Pero estaba ensanchando de hecho su Reino. Como Jesús es el Rey de los Judíos, Paulo estaba ensanchando ocultamente el Reino de Israel.

Un siglo después, pasó algo decisivo.

Los Romanos destruyeron el Templo. El sacerdocio judío tradicional terminó, el culto sagrado acabó en Sión.
Aunque no el de los samaritanos, con sus sacerdotes y sus sacrificios, reducido a su mínima expresión, pero desde hace cuatro mil años, en el monte Gerizim.

Los judíos no son desde entonces una religión o comunidad de culto, sino una comunidad tradicionista que se reúne no en el Templo, sino en las sinagogas o lugares de encuentro, no para celebrar el culto sacrificial ni para comunicar al hombre con Dios (misión sacerdotal), sino sólo para leer las Escrituras.

En esa perspectiva, el único sacerdocio judío es el del Rey de los Judíos Jesús Nazareno, vivo después de muerto, y por tanto, un sacerdocio o comunicación que es según el rito de Melkisedek, Rey de Jerusalén, Rey de Justicia y de Paz.

En el sacerdocio de Jesús Nazareno pervive, más allá de la muerte, el verdadero Judá, realidad viva, más allá de cualquier teología.

Cuando los Nazarenos judíos y galileos se extinguieron, hacia el siglo IV, el culto del Templo de Jerusalén sobrevivió entre los Cristianos, en comunión con el Rey de los Judíos.

Pablo el Apóstata no era Nazareno, pero Dios, que juega con los hombres, recurrió a él para que la descendencia de Yaakov reinase efectivamente sobre todas las naciones, bajo la forma de su Rey Jesús, cabeza de la Iglesia.